La sugestión en la vida

 

El contexto social en el que nos desenvolvemos presupone un bombardeo continuo de sugestiones. Estas pueden ser suaves y otras Imperativas y autoritarias; aquéllas indirectas, las otras disfrazadas o envueltas en forma de razonamientos. De ahí que resulte difícil precisar en qué momento somos afec­tados por sugestiones muy sutiles y cuándo somos libres de ellas.

El factor sugestivo opera en todos los hombres de diversas maneras y en gradaciones distintas, ya que forma cuerpo con los procesos de interrelaciones humanas y la cultura.

El influjo sugestivo principia en la Infancia. Las persistentes afirmaciones que recaen sobre el niño debe ser: bueno, no hagas tal cosa, obedece, hazlo así y cumple lo que te digo. Son influencias verbales de índole positiva (sugestiones) que obran sobre el ser, cual matrices implantadas. De igual modo, la conducta observada un el hogar, la manera de actuar de tos padres son factores a imitar, hecho sugestivo por contagio.

Consideremos, también, el nefasto influjo sugestivo que conlleva decirle al niño; eres un torpe e incapaz, vas a ser un desdichado, serás un fracasado, eres cobarde, etc. Esas aseveraciones negativas (sugestiones) golpean la sensibilidad, la afectividad e imaginación del pequeño, hasta penetrar hondamente en el espíritu y fijarse para toda la vida.

Cualquier idea sugerida, impuesta o autoprovocada, que prenda en la imaginación y cale en la afectividad, pasa a ser absorbida por el inconsciente y convertida en acto mental propio, que impulsa a desarrollar acciones.

La sugestión tendrá mayor incidencia y fuerza cuando forma un enlace, por asociación, con experiencias anteriores. O sea, la sugestión dada será fácilmente aceptada al relacionarse con alguna tendencia ya existente, o un deseo específico de la persona receptora. Es así cómo las vivencias acumuladas sirven de soporte para la recepción inmediata de nuevas sugestiones.

Hay sujetos en los cuales prenden rápidamente las sugestiones relativas a la valoración personal, al éxito y al fracaso, etc.; sin embargo, los mismos individuos se resisten a las sugestiones relativas al amor, la mística, al desprendimiento o al heroísmo, etc.

Las preferencias Inconscientes o receptividad simpatizante a determinadas ideas y proposiciones, se deben, como ya dijimos, a las matrices sugestivas que conservamos desde muy atrás. Hemos sido entrenados para recibir con agrado ciertas ideas y hechos y a experimentar desagrado y a rechazar otras. Tal disposición da lugar a que se acepten unas sugestiones más que otras.

La sugestión avivando y conduciendo la imaginación nutrida de emotividad forma y fija la creencia hasta el nivel de convicción cual palanca de la fe. Muchas dolencias funcionales, padecimientos psicosomáticos se logran superar, es decir, se curan a través de la sugestión. El hecho de apariencia milagrosa ocurre porque la persona se abre a recibir la sugestión, está dispuesta a ello mediante la confiabilidad de que la sanación se produzca; es una disposición, una tendencia animada por la creencia.

Las preferencias, las valoraciones y los deseos con suma frecuencia responden a viejas sugestiones que anidan en el inconsciente y, también, a los nuevos estímulos sugestivos que provienen de todas partes.

Constantemente sugestionamos y nos sugestionan, con intención deliberada del acto o sin ella. La personalidad de una mujer, su figura física, su mirada o su conversación son factores que suelen convertirse en mensajes sugestivos e influir en el hombre y cautivarlo. Cuando el hombre corteja a una dama, la enamora, pone en acción sus recursos y habilidades para convencerla, con el propósito de seducirla (sugestión).

En suma, la sugestión modela la personalidad, crea o anula tendencias, despierta vocaciones y contribuyen plasmar hábitos y costumbres. Lo cierto es que no somos tan deliberantes como supones, ni proce­demos tan electivamente como creemos; en verdad, somos víctimas del influjo sugestivo de otras gentes y cosas sorprendiendo a nuestra conciencia por más extraño que nos resulte.

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